La literatura y la vida

abril 14, 2010 Deja un comentario

La literatura es la forma más agradable de ignorar la vida

Fernando Pessoa

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Escritos: Leyes Tóxicas

abril 14, 2010 Deja un comentario

Les presento uno de los escritos del Indio Solari, en este blog hay que dar lugar también a los grandes compositores y letristas.

LEYES TÓXICAS

“La primera ley para la angustia tóxica, dice que si no podés admitir la realidad legal, por lo menos debes intentar montarte un sueño decente”.

El diputado cruza la línea de la cordura legal y apasiona a la prensa un par de semanas. Un tipo mentolado de saco espigado. Se llama como se llama (no importa). El diputado piensa que ciertas cosas sólo suceden en el cine. Nada como un buen crimen en el Hotel Luxor para darle realce a su vanidad. Tarde o temprano la película termina.

“La droga siempre es la droga; son las personas las que varían entre sí. Esta segunda ley se proclama en una canción sanguinaria”.

El diputado elige unos bellos palmitos. Las piernas más bonitas del mundo. Las más lindas que ha visto. La contemplación de la belleza le lleva a la calma. Pero la belleza no abunda ni dura. La tipa es una modelo bastante vulgar. Sonríe desde la tapa de una caja de alimentos para perros y se rompe el corazón con el “crucero del amor” mientras traga unas pocas moneditas. Aceptaría dinero del propio diablo. Esta vez la víctima no adopta la máscara de la virtud. Sólo se pregunta: ¿cómo actúan las tipas felices? ¿cómo se comportan?
Tipas felices, personas blandas y paredes blancas. Blancas como la leche, como las rayas finas. Sucias como la leche sucia. Drogas duras como la violenta lasciva y el puto amor que da tanto miedo. Nariz dilatada y labios entreabiertos, implorando no estallar cuando se cruzan los pensamientos cargados de espectros que se rebelan.

“Determinadas alteraciones químicas que se dan en el cerebro, estimulan ciertas reacciones que se vinculan con la supervivencia del individuo”.

La cocaína del diputado le estimula las zonas cerebrales más poderosas, las más vigorizantes. Con la bragueta hinchada por la excitación, conduce el taladro, una y otra vez, hacia los muslos de su preferida. La martiriza. Empuja con la mecha ensangrentada unos ojos desorbitados de cordero de frigorífico. Atraviesa toda resistencia y comienza a hurgar íntimamente con la herramienta ¡¿No se puede ir más adentro?!, se pregunta. Cambia por una hoja curva y comienza a pelar a la modelo con suaves movimientos. Ahora, la piba, es una formidable masa de carne roja que se bambolea sobre un sillón. Está horrible. Con su estúpida sonrisa frotada por el aplicado esmeril del diputado, entrega con brusquedad sus regiones más blandas (¡qué el cielo le ampare!). Los huesos parecen de cera.
Después de una hora de batalla, el diputado yace jadeante. La muchacha está dispersa y en total exhibición. Cubierta aquí y allá por pequeñas cascadas de semen. Todavía exuda. Todavía algunos de sus líquidos se mueven. Nuestro matador abandona. De su boca brota un diluvio de vómitos que cubre los rostros, emulsiona con la sangre y termina anegando todo.
Ahora, el pobrecito duerme mordisqueando un dedo y sueña que está totalmente adentro de una de las chicas del Hotel Luxor que le ama locamente.

(Para las chicas del Hotel Luxor, que tienen el culo dulce como la miel).

Indio Solari

Algo de poesía

abril 14, 2010 Deja un comentario

No te salves


No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma

No reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios

No te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana

Y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo

Mario Benedetti

Evolución

abril 14, 2010 Deja un comentario

El hombre razonable se adapta al mundo en que vive, el hombre no razonable insiste en adaptar el mundo a su propia forma de ser. Por consiguiente, toda evolución  en este mundo depende de los hombres no razonables.

Tom Peters

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Frases de películas: “A long song for Bobby Long”

abril 14, 2010 Deja un comentario

A Love Song for Bobby Long fue estrenada en el 2004 se basó en la novela Off Magazine Street escrita por Ronald Everett Capps. En ella salen John Travolta, Scarlett Johansson and Gabriel Macht.
Trata la historia de una joven que regresa a su hogar en
New Orleans, Louisiana después de la muerte de su madre. Esperando encontrar la casa de su madre vacia se sorprende al encontrar dos hombres viviendo allí un profesor retirado y un ex alumno suyo quienes pasan la vida bebiendo y leyendo libros.

Durante su desarrollo, constantemente se exponen citas, que valen la pena recordar:

“La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido” – J.L. BORGES


“Sólo se muere una vez y por mucho tiempo. ” – Molière.


“Uno debe contribuir sólo a su propia muerte[…] Sería un hermoso cadáver. ” –
Charles Dickens.

“Capítulo 1: Me levanté, me emborraché, me desmayé…” parlamento de la película.

“No podemos arrancar una página suelta de nuestras vidas… pero podemos tirar todo el libro a las llamas. ” – George Sand.

“¿Por qué estamos en la tierra si no es para crecer?” – Robert Browning.

“No pelees limpiamente con los extraños.” – Arthur Miller.

“Amigo, por enemigo yo te convoco
Tú, con monedas falsas en vez de ojos
Tú, amigo mío, con aire triunfante
Qué por verdad me vendiste la mentira al espiar con descaro mi mayor secreto?
Con mi corazón entero bajo tu maza
Que aunque lo quise por sus defectos
Como por sus virtudes
Mi amigo no era más que un enemigo con zancos
Con la cabeza en una nube de engaño”
Thomas Dylan – To Others Than You


“La felicidad compensa con altura lo que le falta de longitud.” –Robert Frost.

“El corazón es un cazador solitario” – Carson McCullers

“No cesaremos en la exploración. Y el fin de todo nuestro explorar… será llegar a donde empezamos… y… conocer el lugar por primera vez. ” – T.S. Eliot

“Si ves lo que es invisible, verás lo que tienes que escribir… Eso decía Bobby. Él quería vivir con esas personas invisibles. Las personas que pasamos de largo todos los días. Las personas en las que a veces nos transformamos. Las personas de los libros, que sólo viven en la imaginación. BOBBY ESTABA DESTINADO A ATRAVESAR LA VIDA, NO A ESQUIVARLA. ESTABA SEGURO DE QUE EL CAMINO MÁS CORTO AL CIELO ERA CRUZAR EL INFIERNO. Pero su mayor obstáculo… era una mente exaltada y a la vez impedida por demasiadas leyendas…. y por haber elegido convertirse en una de ellas, EL DEFECTO MÁS TRÁGICO DE BOBBY LONG FUE SU ROMANCE CON TODO LO QUE VEÍA. Y supongo que si queremos creer en alguna clase de justicia… Bobby Long tuvo su canción:
Y SI EL EPITAFIO CONTARA UNA HISTORIA
PARA MI TUMBA UNO BREVE TENDRÍA
LA LAPIDA SOBRE MÍ DIRÍA
TUVE UNA PELEA DE ENAMORADOS CON EL MUNDO
ROBERT FROST

Un Infaltable

abril 14, 2010 Deja un comentario

Si hablamos de doble personalidad, de los Jekyll y los  Hydes, no podemos eludir el próximo texto. Recuerdo una frase que dice “Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo“.

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

Julito a la cabeza

abril 13, 2010 Deja un comentario

Como empezar este blog, sino con el entrañable Julio Cortázar.

Si este blog va a tener algo de pasiones y de intelectualidad, que mejor que el siguiente texto, para despertar un poco el idiota que llevamos dentro.

Ahí les va:

Hay que ser realmente idiota para…

Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la idiotez me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el idiota quien lo expone.
Puede que la palabra idiota sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como tonto, lelo o retardado y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va benissimo. Lo triste es que todo va malissimo cuando uno es idiota, por ejemplo en el teatro, yo voy al teatro con mi mujer y algún amigo, hay un espectáculo de mimos checos o de bailarines tailandeses y es seguro que apenas empiece la función voy a encontrar que todo es una maravilla. Me divierto o me conmuevo enormemente, los diálogos o los gestos o las danzas me llegan como visiones sobrenaturales, aplaudo hasta romperme las manos y a veces me lloran los ojos o me río hasta el borde del pis, y en todo caso me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa noche al teatro o al cine o a una exposición de cuadros, a cualquier sitio donde gentes extraordinarias están haciendo o mostrando cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que lava de los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado y tan contento que cuando llega el intervalo me levanto entusiasmado y sigo aplaudiendo a los actores, y le digo a mi mujer que los mimos checos son una maravilla y que la escena en que el pescador echa el anzuelo y se ve avanzar un pez fosforecente a media altura es absolutamente inaudita. Mi mujer también se ha divertido y ha aplaudido, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su diversión y sus aplausos no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también se ha divertido y ha aplaudido pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que el espectáculo es bonito y que los actores no son malos, pero que desde luego no hay gran originalidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi mujer o mi amigo dicen eso –lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad– yo comprendo que soy idiota, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa, de modo que la caída repentina en la idiotez le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es mas que corcho. Me gustaría defender a los mimos checos o a los bailarines tailandeses, porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi mujer me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi mujer o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del pez fosforescente que flotaba en mitad del escenario, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con o que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.