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Escritos: Leyes Tóxicas

Les presento uno de los escritos del Indio Solari, en este blog hay que dar lugar también a los grandes compositores y letristas.

LEYES TÓXICAS

“La primera ley para la angustia tóxica, dice que si no podés admitir la realidad legal, por lo menos debes intentar montarte un sueño decente”.

El diputado cruza la línea de la cordura legal y apasiona a la prensa un par de semanas. Un tipo mentolado de saco espigado. Se llama como se llama (no importa). El diputado piensa que ciertas cosas sólo suceden en el cine. Nada como un buen crimen en el Hotel Luxor para darle realce a su vanidad. Tarde o temprano la película termina.

“La droga siempre es la droga; son las personas las que varían entre sí. Esta segunda ley se proclama en una canción sanguinaria”.

El diputado elige unos bellos palmitos. Las piernas más bonitas del mundo. Las más lindas que ha visto. La contemplación de la belleza le lleva a la calma. Pero la belleza no abunda ni dura. La tipa es una modelo bastante vulgar. Sonríe desde la tapa de una caja de alimentos para perros y se rompe el corazón con el “crucero del amor” mientras traga unas pocas moneditas. Aceptaría dinero del propio diablo. Esta vez la víctima no adopta la máscara de la virtud. Sólo se pregunta: ¿cómo actúan las tipas felices? ¿cómo se comportan?
Tipas felices, personas blandas y paredes blancas. Blancas como la leche, como las rayas finas. Sucias como la leche sucia. Drogas duras como la violenta lasciva y el puto amor que da tanto miedo. Nariz dilatada y labios entreabiertos, implorando no estallar cuando se cruzan los pensamientos cargados de espectros que se rebelan.

“Determinadas alteraciones químicas que se dan en el cerebro, estimulan ciertas reacciones que se vinculan con la supervivencia del individuo”.

La cocaína del diputado le estimula las zonas cerebrales más poderosas, las más vigorizantes. Con la bragueta hinchada por la excitación, conduce el taladro, una y otra vez, hacia los muslos de su preferida. La martiriza. Empuja con la mecha ensangrentada unos ojos desorbitados de cordero de frigorífico. Atraviesa toda resistencia y comienza a hurgar íntimamente con la herramienta ¡¿No se puede ir más adentro?!, se pregunta. Cambia por una hoja curva y comienza a pelar a la modelo con suaves movimientos. Ahora, la piba, es una formidable masa de carne roja que se bambolea sobre un sillón. Está horrible. Con su estúpida sonrisa frotada por el aplicado esmeril del diputado, entrega con brusquedad sus regiones más blandas (¡qué el cielo le ampare!). Los huesos parecen de cera.
Después de una hora de batalla, el diputado yace jadeante. La muchacha está dispersa y en total exhibición. Cubierta aquí y allá por pequeñas cascadas de semen. Todavía exuda. Todavía algunos de sus líquidos se mueven. Nuestro matador abandona. De su boca brota un diluvio de vómitos que cubre los rostros, emulsiona con la sangre y termina anegando todo.
Ahora, el pobrecito duerme mordisqueando un dedo y sueña que está totalmente adentro de una de las chicas del Hotel Luxor que le ama locamente.

(Para las chicas del Hotel Luxor, que tienen el culo dulce como la miel).

Indio Solari

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